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Pausa.me

Ven conmigo conocer las pausas que puedes hacer ahora mismo para mejorar tu vida y la de los demás.

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Como empezó todo eso

Por Marcelo Estraviz | 3 abril, 2018 | Deja un comentario

Como empezó todo eso

Paseando por Las Ramblas de Barcelona viví los 2 segundos más decisivos de mi vida.

Era a finales de los 80, y había dejado mi São Paulo natal 4 meses antes para estudiar Psicología en España, el país de mis padres. De repente lo vi claro: acababa de hacer un descubrimiento que resultó ser vital para mí.

Tenía 18 años y aquélla fue mi primera pausa que generó acción.

Lo que acababa de vivir fue una revelación, y, como todas las revelaciones, llegó súbitamente, sin buscarla. Un creyente diría que tuve una epifanía, y que, en momentos así, Dios nos habla al oído.

Por aquel entonces relacionaba el acto de parar con el dolce far niente, como dicen los italianos: algo que puede ser placentero pero que no sirve para nada.

Más adelante explicaré qué sentí durante esos 2 segundos y los cambios tan importantes que introdujeron en mi manera de vivir.

Ahora que estoy cerca de los 50 años, contemplo mi vida como un conjunto de pausas y acciones. Si fueran sólo acciones, una detrás de otra, estaría loco o al borde del colapso.

Siempre me ha molestado la expresión «Sin prisa, pero sin pausa». Yo me pregunto: ¿desde cuándo la pausa es nuestra enemiga? Sólo las máquinas no tienen pausa, y de hecho también se paran cuando se les acaba el combustible o la energía que las alimenta. Cuando dichas máquinas se sobrecalientan o hay que arreglarlas, también hay que pararlas.

Los seres humanos no somos máquinas, pero también necesitamos parar antes de que nos falte energía o se rompa algo en nosotros.

A mí se me rompió algo dentro a los 33 años, cuando volvía, después de unas vacaciones, a São Paulo, donde llevaba 2 años como director de una fundación que formaba a miles de funcionarios públicos. Nada más salir del avión y recoger mi equipaje, me sentí abatido sin razón. No era el típico cansancio después de un largo vuelo. Me asaltó una especie de tristeza, distinta a todas las que había vivido antes.

Necesitaba acostarme inmediatamente, pero no para dormir sino para olvidarme de mí mismo y de una vida que había dejado de gustarme.

Aquello era un aviso, una segunda pausa que iba a ser trascendente cuando lograra comprender el mensaje.

Poco después me diagnosticaron una depresión y, entre medicamentos y psicoterapia, pasé un año de altibajos hasta que dejé aquel cargo que me estaba consumiendo. Por muy bien alimentada que estuviera mi cuenta corriente, me sentía vacío por dentro.

Tras un período de confusión, descubrí que lo que me mataba era el botón del ascensor. Lo que realmente me curó fue dejar de pulsarlo todos los días, a las 9.00, para llegar al último piso. Allí se encontraban mi despacho de director y mi simpática secretaria, que me recibía con una sonrisa que yo no sabía corresponder. Tenía 300 empleados a mi cargo después de haber ido ascendiendo profesionalmente con mucha prisa y sin ninguna pausa.

Después de 3 meses de medicación, sobreviví casi un año en aquel mismo lugar. Luego recaí y tuve que medicarme 3 meses más. Cuando me recetaron por tercera vez antidepresivos, me dije que aquello no funcionaba. Necesitaba parar de verdad, reflexionar, tomar una nueva dirección.

Fue entonces cuando decidí permitirme la Gran Pausa que iba a cambiar mi vida para siempre: lo dejé todo para tomarme un año sabático.

Dado que se trataba de una pausa muy larga, tendría que haber tenido miedo, pero no fue así: me sentí liberado. Al tomarme aquel respiro, la depresión fue quedando atrás mientras nuevas ideas iban dando forma a lo que sería mi nueva vida.

Gracias a eso, hace 15 años que llevo la vida que siempre deseé, y este libro es una invitación a que tú hagas lo mismo.

No voy a proponerte que te tomes un año sabático. Quizá algún día, más adelante, puedas y quieras hacerlo. De lo que quiero hablarte es del poder de la pausa. Incluso de aquella que dura 2 segundos pero te lleva a una decisión vital.

99 pausas

Por Marcelo Estraviz | 2 abril, 2018 | Deja un comentario

99 pausas

Son muchas pausas. En realidad, tú ya haces varias de ellas; unas por obligación, otras por hábito y otras desearías hacerlas más a menudo. Hablaremos de todas, desde las que son tan cortas que ni las notamos (y que ahora empezaremos a hacerlo) hasta aquellas a las que les buscarás un hueco en tu agenda porque te darás cuenta de que son imprescindibles.

Durante meses he estado preguntando a las personas de mi entorno sobre pausas y sobre cuáles les venían a la cabeza. Pero una noche estábamos 8 amigos juntos en una deliciosa casa en Calella de Palafrugell y entre vinos y gin-tonics surgieron más de 100 posibilidades. Algunas merecen una explicación larga, otras se explican solas.

El objetivo es inspirarte y no categorizar pausas. Son tantas… ¡Vamos a por ellas! ¡Que disfrutes!

Para empezar y asi ya verás como será la cosa, 3 pausas que empiezan con la letra A:

 

# ABRAZO LENTO
No se trata de un abrazo cualquiera, a ver si me explico: hay abrazos que nos hacen estar un poco incómodos al principio, pero después los disfrutamos. En general, la persona que nos abraza parece tener falta de timing y se nos queda pegada unos 2 o 3 segundos de más. Entonces es cuando nos damos cuenta de que eso sí es un abrazo, que es así como debería ser siempre y que nos queda corresponderle, viviendo ese momento de cariño mutuo.

# ACOMPAÑAR EL RITMO CON EL PIE
A veces empezaría a bailar locamente mientras ando por la acera, sólo porque una nueva música suena en mi Spotify. No me atrevo, pero sí muevo un poco los brazos y trato de que mis pasos sigan el ritmo de la batería.

¿Cuántas veces, distraídamente, te sorprendes acompañando la música que suena en una tienda o en la calle? Una vez más, el teléfono móvil, y más concretamente los auriculares, nos hacen ser más discretos en esas situaciones. Sugerencia: pon canciones tranquilas en esos momentos, o acabarás haciendo el ridículo en el metro practicando el Moonwalk de Michael Jackson.

También puede suceder lo contrario: que pilles a la persona que tienes enfrente siguiendo el ritmo con el pie mientras no sabes qué canción está escuchando. Las empresas deberían vender auriculares con salidas para 2 personas (o 4 orejas). Sería una manera muy agradable de ir en autobús o en metro con desconocidos, descubriendo gustos musicales variados.

# ACOSTARSE EN UNA HAMACA
¿Sabes esa imagen idílica que tienen los europeos de una persona acostada en una hamaca con cada punta colgada en una palmera? Pues para los habitantes de los trópicos no tiene nada de fascinante: para ellos una hamaca es la cosa más normal del mundo. Por ejemplo, yo tengo una hamaca en casa y no me he tumbado en ella en los últimos 400 días.
Aun así, puedo decir que he tenido momentos de pausa idílicos acostado en hamacas en varios lugares de Brasil: con vistas a la playa, sin vistas, con vistas a una cascada (esta vez me gustó tanto que regresé allí y pasé 7 días acostado en ella, escribiendo uno de mis libros), con vistas a las montañas… Las personas que se han echado pocas veces en una hamaca no tienen ni idea de la cantidad de posiciones posibles que existen para dormir y hacer otras cosas en ellas…

La técnica Pomodoro

Por Marcelo Estraviz | 27 enero, 2018 | Deja un comentario

La técnica Pomodoro

Tom Rath, autor bestseller de la lista del New York Times nos dice: «No te preocupes en perder la atención en una tarea si haces descansos cada 20 minutos. Al contrario de lo que hubiera pensado, hacer descansos regulares de tareas mentales mejora la creatividad y la productividad. Saltarte las pausas, sin embargo, aumenta el estrés y la fatiga».

Es una técnica muy simple, tal y como te he explicado anteriormente, aun así, déjame que te la exponga en detalle. Es una excelente herramienta de productividad y tiene tanto efecto que básicamente es indiscutible.

La Técnica Pomodoro es un método de gestión del tiempo, y fue desarrollada en los años 80 por Francesco Cirillo, que estaba buscando una manera de aumentar su productividad en los estudios.

En la práctica, consiste en trabajar por bloques de tiempo. Su nombre deriva de la palabra italiana pomodoro («tomate»), como una referencia al temporizador culinario popular con la forma de esta fruta. El método se basa en la idea de que las pausas frecuentes pueden aumentar el estado de alerta mental.

Cada pomodoro es de 25 minutos, durante los cuales tienes que trabajar en una sola tarea sin interrupciones. Al final de cada pomodoro debes hacer un descanso de 5 minutos. Cada 4 pomodori (plural de pomodoro), se debe hacer una pausa más larga de 30 minutos.

Los objetivos técnicos son:

  • Aumentar la concentración
  • Mejorar la productividad
  • Minimizar las interrupciones
  • Ser consciente del tiempo que pasas en cada tarea
  • Aliviar la ansiedad

¿Cómo aplicar la Técnica Pomodoro?

Crear una lista de tareas. Al empezar tu día de trabajo o estudio, crea una lista con los objetivos que deseas cumplir; debe estar dividida en dos secciones: «tareas programadas» y «tareas no programadas». Cómo hagas esta lista no es muy relevante. Puedes utilizar un bloc de notas, una aplicación de móvil o un archivo de Excel, tú mismo.

Llevar a cabo las tareas. Elige una, cronometra 25 minutos (1 pomodoro) y empieza a trabajar en ella. Cuando el pomodoro llegue a su fin, pon «Ok» junto a la tarea y haz un descanso de 5 minutos. Pon el «Ok» y haz la pausa aunque no hayas completado la tarea. Continúa trabajando en ella en el próximo pomodoro. Cuando termines la tarea sólo tienes que tacharla de la lista. Cada 4 pomodori debes hacer un descanso de 30 minutos en lugar del de 5.

Gestionar las interrupciones. Es una de las reglas más importantes. Hay 2 tipos de interrupciones que tienes que gestionar durante el pomodoro: las internas y las externas.

Las interrupciones internas son aquellas que salen de ti, por ejemplo: recuerdas que tienes que llamar a alguien, te entran ganas de pedir una pizza o recuerdas que debes tomar un medicamento. Todas las interrupciones internas deben dejarse para más adelante, a menos que sean de suma urgencia. Siempre que ocurra una interrupción interna, debes apuntarla en la sección «no programadas» y marcar una X junto a la tarea actual. Las X se utilizan para medir la frecuencia con que te distraes durante la tarea.

Las interrupciones externas son aquellas que vienen de tu entorno, por ejemplo: un compañero te pide información, el teléfono suena, llega un nuevo correo electrónico. También deben dejarse para más adelante, a menos que, por supuesto, sean de suma urgencia. Siempre que ocurra una interrupción externa, debes tener en cuenta la tarea relacionada en la sección «tareas programadas» y hacer un guion junto a la tarea actual. Los guiones se utilizan para medir cuántas veces te han interrumpido durante la tarea.

Según Francesco Cirillo, la mayoría de las interrupciones se pueden dejar para más adelante, porque casi nada es tan urgente que no pueda esperar 1 pomodoro. Por ejemplo, si recibes una llamada cuando llevas 17 minutos de 1 pomodoro, puedes terminarlo y entonces devolver la llamada, 8 minutos no serán de gran importancia. Por otro lado, dejar la tarea a medias puede hacer que te distraigas con otras cosas. Además, el tiempo que necesitarás para reanudar la tarea termina por perderse.

Todas las tareas no programadas deben llevarse a cabo siguiendo el mismo sistema que las programadas.

Otras cosas a tener en cuenta:

  • Sólo debe realizarse una tarea en cada pomodoro.
  • 1 pomodoro no debe ser inferior a 25 minutos. Si terminas antes, se tiene que revisar la tarea hasta el final del pomodoro.
  • El pomodoro no puede exceder los 25 minutos. Incluso si ves que te faltan sólo unos pocos minutos para terminar la tarea, debes realizar el descanso y terminar la tarea en el próximo pomodoro.
  • 1 pomodoro interrumpido debe ser cancelado, independientemente del momento en que fue detenido.

Aprender de los resultados. Al cabo de unos días serás capaz de extraer información para mejorar tu rendimiento. Con los resultados, deberías:

  • Aprender cuánto tiempo tardas en realizar cada tipo de tarea
  • Saber qué es lo que te distrae recurrentemente
  • Descubrir cuáles son las principales interrupciones

La técnica valora mucho el momento de la pausa. No es sólo un vacío en medio de la producción, debe ser una pausa de calidad.

Un brindis a las pausas

Por Marcelo Estraviz | 27 enero, 2018 | Deja un comentario

Un brindis a las pausas

Todos brindamos, ¿verdad? Y ya hace algún tiempo que la costumbre de brindar y mirarse a los ojos cuando se tocan los vasos se ha impuesto en algunos lugares. Decidí investigar para descubrir de dónde podía venir esta costumbre, o si era así en todas partes… ¿Lo vemos?

De tradiciones a costumbres divertidas, cada país tiene una manera diferente de brindar. Aquí tienes cómo se brinda en algunos rincones del planeta para que no seas gafe. Beber entre amigos es una excelente pausa, ¡pero cuidado con la dosis!

Egipto. Rara vez verás tu vaso vacío cuando estés saliendo con amigos egipcios. Para ellos, más importante que el brindis es que los vasos estén siempre llenos: quien se sirve debe servir también a todos los demás. No dudes en coger la botella y llenar tu vaso, pero no te olvides de rellenar los de tus amigos también.

Rusia. La bebida es cosa seria allí: para los rusos, beber juntos es una demostración de confianza y amistad; por lo tanto, jamás rechaces una invitación. Se acostumbra a beber vodka (es el principal licor consumido por los rusos) y no debe mezclarse con nada más. Deja el zumo, la bebida energética y la Coca-Cola para otra ocasión, lo importante es brindar y beber con ellos.

China. Las posibilidades de que te emborraches más rápido son enormes: para brindar, se beben el primer vaso un solo trago y, a continuación, lo colocan en la mesa de cabeza para abajo para demostrar que está realmente vacío. Después de ese «ritual» puedes beber normalmente y sin prisa.

Alemania. Conocidos por ser adoradores de cervezas, el brindis de los alemanes es un poco parecido al nuestro: chocando los vasos. La diferencia es que golpean la base de los vasos, copas o botellas que están sosteniendo. Y es importante que quien esté brindando mire en los ojos de las otras personas. Ellos sí siguen la tradición.

República Checa. A quien le guste hacer fotos de los brindis no le irá bien en la República Checa. Allí, como en Alemania, es esencial mirar a los ojos de la persona con quien estás brindando en el momento en que los vasos se tocan. Dicen que desviar la mirada y beber enseguida da mala suerte. Por las dudas, es mejor dejar el selfie para otro momento.

Holanda. Aquí el brindis para quien bebe whisky puede ser divertido y diferente de uno normal: mientras estás con las manos detrás de la espalda, otra persona vierte whisky en tu boca, debes tragártelo y luego tomar una cerveza. Después, los holandeses degustan el whisky como estás acostumbrado.

Grecia. Quien brinda con zumos, refrescos o agua en Grecia puede tener mala suerte. Al menos eso es lo que creen los griegos. A la hora del brindis, la persona más importante es el anfitrión. La gente suele dirigirse a él y decir «Stin ygeia mas», que significa «A tu salud».

Italia. Comer y beber son dos cosas importantes para los italianos; por eso durante las comidas sólo beben agua y vino. Para evitar las miradas reprobatorias no pidas otra cosa y prueba los vinos que te ofrezcan. Y recuerda: brinda siempre con vino, nunca con agua.

Hungría. Si te sirven la cerveza en una jarra, no brindes golpeándola con la de tus amigos. La cuestión es histórica: en 1848, 13 revolucionarios fueron ejecutados y los asesinos brindaron de esta manera. Hasta hoy este brindis es visto como ofensivo por los húngaros.

Turquía. Es habitual que los turcos te ofrezcan un vaso del clásico raki, un licor de uva con sabor de anís, también conocido como leche de león. No lo rechaces. También es costumbre pedir una botella entera para que todos los de la mesa beban en lugar de pedir consumiciones individuales. ¡Un brindis a ese momento colectivo y mundial!

Mucho más que 4 pausas

Me llamo Marcelo Estraviz

En mi blog escribo sobre cada una de las 99 pausas que he descubierto en estos últimos años. Espero que disfrutes tanto o más que yo. Leer Más…

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SOBRE MI

Soy Marcelo Estraviz, me llaman el pausólogo y mi objetivo es que disfrutes de muchas pausas diferentes o as menos las 4 pausas esenciales para tu vida.

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