• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido
  • Saltar al pie de página

Pausa.me

Ven conmigo conocer las pausas que puedes hacer ahora mismo para mejorar tu vida y la de los demás.

  • Inicio
  • Acerca de
  • Blog
  • Gratis para ti
  • Contacto
Como empezó todo eso

Como empezó todo eso

Compartir2
Twittear
+1
Compartir
2 Compartir

Paseando por Las Ramblas de Barcelona viví los 2 segundos más decisivos de mi vida.

Era a finales de los 80, y había dejado mi São Paulo natal 4 meses antes para estudiar Psicología en España, el país de mis padres. De repente lo vi claro: acababa de hacer un descubrimiento que resultó ser vital para mí.

Tenía 18 años y aquélla fue mi primera pausa que generó acción.

Lo que acababa de vivir fue una revelación, y, como todas las revelaciones, llegó súbitamente, sin buscarla. Un creyente diría que tuve una epifanía, y que, en momentos así, Dios nos habla al oído.

Por aquel entonces relacionaba el acto de parar con el dolce far niente, como dicen los italianos: algo que puede ser placentero pero que no sirve para nada.

Más adelante explicaré qué sentí durante esos 2 segundos y los cambios tan importantes que introdujeron en mi manera de vivir.

Ahora que estoy cerca de los 50 años, contemplo mi vida como un conjunto de pausas y acciones. Si fueran sólo acciones, una detrás de otra, estaría loco o al borde del colapso.

Siempre me ha molestado la expresión «Sin prisa, pero sin pausa». Yo me pregunto: ¿desde cuándo la pausa es nuestra enemiga? Sólo las máquinas no tienen pausa, y de hecho también se paran cuando se les acaba el combustible o la energía que las alimenta. Cuando dichas máquinas se sobrecalientan o hay que arreglarlas, también hay que pararlas.

Los seres humanos no somos máquinas, pero también necesitamos parar antes de que nos falte energía o se rompa algo en nosotros.

A mí se me rompió algo dentro a los 33 años, cuando volvía, después de unas vacaciones, a São Paulo, donde llevaba 2 años como director de una fundación que formaba a miles de funcionarios públicos. Nada más salir del avión y recoger mi equipaje, me sentí abatido sin razón. No era el típico cansancio después de un largo vuelo. Me asaltó una especie de tristeza, distinta a todas las que había vivido antes.

Necesitaba acostarme inmediatamente, pero no para dormir sino para olvidarme de mí mismo y de una vida que había dejado de gustarme.

Aquello era un aviso, una segunda pausa que iba a ser trascendente cuando lograra comprender el mensaje.

Poco después me diagnosticaron una depresión y, entre medicamentos y psicoterapia, pasé un año de altibajos hasta que dejé aquel cargo que me estaba consumiendo. Por muy bien alimentada que estuviera mi cuenta corriente, me sentía vacío por dentro.

Tras un período de confusión, descubrí que lo que me mataba era el botón del ascensor. Lo que realmente me curó fue dejar de pulsarlo todos los días, a las 9.00, para llegar al último piso. Allí se encontraban mi despacho de director y mi simpática secretaria, que me recibía con una sonrisa que yo no sabía corresponder. Tenía 300 empleados a mi cargo después de haber ido ascendiendo profesionalmente con mucha prisa y sin ninguna pausa.

Después de 3 meses de medicación, sobreviví casi un año en aquel mismo lugar. Luego recaí y tuve que medicarme 3 meses más. Cuando me recetaron por tercera vez antidepresivos, me dije que aquello no funcionaba. Necesitaba parar de verdad, reflexionar, tomar una nueva dirección.

Fue entonces cuando decidí permitirme la Gran Pausa que iba a cambiar mi vida para siempre: lo dejé todo para tomarme un año sabático.

Dado que se trataba de una pausa muy larga, tendría que haber tenido miedo, pero no fue así: me sentí liberado. Al tomarme aquel respiro, la depresión fue quedando atrás mientras nuevas ideas iban dando forma a lo que sería mi nueva vida.

Gracias a eso, hace 15 años que llevo la vida que siempre deseé, y este libro es una invitación a que tú hagas lo mismo.

No voy a proponerte que te tomes un año sabático. Quizá algún día, más adelante, puedas y quieras hacerlo. De lo que quiero hablarte es del poder de la pausa. Incluso de aquella que dura 2 segundos pero te lleva a una decisión vital.

Compartir2
Twittear
+1
Compartir
2 Compartir

Archivado en: Mis Pausas |

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SOBRE MI

Soy Marcelo Estraviz, me llaman el pausólogo y mi objetivo es que disfrutes de muchas pausas diferentes o as menos las 4 pausas esenciales para tu vida.

COGE TU REGALO

Para descargar mi guía gratuita, pincha en la palabra: (PAUSA) Tambien recibirás en su momento las 99 pausas que merecemos hacer.

Sígueme en las redes

  • Facebook
  • Instagram
  • Acerca de
  • Blog
  • Contacto
  • Gratis para ti

Copyright © 2026 Pausa.me · Creada por Hormigas en la Nube

Utilizamos cookies propios y de terceros para mejorar nuestros servicios y experiencia de usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Aceptar Leer Más